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Agua fósil en Libia

Libia es una nación de tierras áridas, la mayoría desértica, en la cual el agua dulce es perpetuamente escasa. La precipitación pluvial es exigua — solamente el cinco por ciento de la nación recibe más de 100 mm de lluvia cada año. Libia ha dependido durante mucho tiempo de las reservas de agua subterránea para calmar su sed; pero la creciente demanda ha estresado las fuentes de suministro, y muchos acuíferos costeros se han vuelto salobres debido a un influjo de agua de mar.

A mediados de la década de 1950, la exploración petrolera en la vasta región desértica del sur de la nación reveló la presencia de un precioso recurso y una solución potencial —agua fósil.

Muy por debajo de las arenas del Sahara, antiguos acuíferos han almacenado reservas, con más de 40.000 años de existencia, de agua pura y apta para el consumo humano.

El agua subterránea se depositó en el sitio durante antiguas eras de drásticos cambios de condiciones climatológicas y allí quedó encapsulada a través de muchos cambios geológicos. Al igual que los combustibles fósiles que fueron creados también en condiciones que desaparecieron hace mucho tiempo, esta “agua fósil” es un recurso no renovable con gran potencial.

Para llevar esta antigua y remota agua hasta la población de Libia el gobierno lanzó el Proyecto del gran río hecho por la mano del hombre (The Great Man-Made River) — un esquema de administración de los recursos hídricos de enorme alcance. El proyecto consta de una red de tuberías y reservorios que mueven el agua subterránea desde sus orígenes en el subsuelo del desierto y la entregan en la densamente habitada región costera del país a un costo aproximado mayor que US $20.000 millones.

Financiado por los ingresos generados por el petróleo, el proyecto comenzó en 1984. La construcción todavía continúa hoy día — pero el Proyecto del gran río hecho por la mano del hombre (Great Man-Made River Project) ya ha causado un enorme impacto en las muchas ciudades costeras que reciben agua de las antiguas reservas de la nación. El sistema está diseñado para bombear agua desde unos 1,300 pozos en el desierto y mover 6,5 millones de metros cúbicos de agua cada día. En la actualidad, 4.000 km (2.485 millas) de tuberías de 4 metros de diámetro transportan agua hasta los grifos en los hogares libios.

La vida útil del proyecto es de 50 años, pero la vida útil real dependerá en gran medida de los regímenes de bombeo. En esencia, nadie conoce con certeza cuánta agua queda en las reservas y dado que este recurso no es renovable — cuando ésta se termine se habrá terminado definitivamente. Con tanto dinero invertido en el desarrollo de este preciado recurso, el uso eficiente será la clave de Libia para aprovechar al máximo cada gota del mismo.

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