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Los contaminantes son sustancias que vuelven al agua no apta para el consumo. Algunos contaminantes se pueden identificar fácilmente mediante la evaluación del sabor, del olor y de la turbidez del agua. Sin embargo, la mayoría no se puede detectar fácilmente y es necesario realizar pruebas para determinar si el agua está contaminada o no. Si no se verifica, los contaminantes pueden causar una amplia gama de enfermedades vinculadas con el agua que ocasionan terribles daños en la salud de los seres humanos.

Los contaminantes ocurren de manera artificial (producidos por la mano del hombre) o natural. Algunos contaminantes son organismos que incluyen patógenos como bacterias, virus y parásitos tales como protozoos microscópicos y gusanos. Estos organismos vivientes se pueden propagar por medio desechos sólidos humanos y animales. Las buenas medidas sanitarias y la higiene puede ayudar a detener la propagación de estos organismos.

Otros contaminantes son los productos fabricados por la mano del hombre para uso industrial y agrícola, incluidos los metales pesados como plomo y mercurio, además de sustancias y compuestos químicos peligrosos como insecticidas y fertilizantes.

Los elementos que se encuentran de forma natural pueden también contaminar el agua. Las toxinas como el altamente venenoso metal arsénico pueden ocurrir naturalmente a niveles inaceptables.

El agua contaminada deberá ser tratada antes de que se pueda usar para el consumo humano. El tratamiento de agua puede ocurrir en dos sitios diferentes: en una instalación centralizada de tratamiento de agua y en el punto de uso.

Dondequiera que se realice el tratamiento, se utilizará una diversa gama de tecnologías para purificar el agua potable. Se seleccionan las tecnologías de tratamiento y se aplican utilizando diversos factores determinantes incluidos la fuente de agua, el tipo de contaminante, y el costo.

Para el tratamiento más eficaz, se utiliza una combinación de tecnologías para asegurar que el agua esté completamente descontaminada.

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